domingo, 2 de septiembre de 2007

Casi beso el suelo al llegar hoy a Barajas

Hace seis horas que llegamos de Cuba. Soraya y yo. Sin maletas. Pero sólo es la última. Cronología. Llegamos a La Habana el día 15 de agosto. Todo bonito. Seis días después, ya por el país, discuto con unos parquedores (aparcacoches, allí ya no saben qué hacer para comer). Horas más tarde, miseriosamente, pinchamos en plena carretera. El tuerto ya nos ha mirado. Esa tarde, el coche nos deja tirados, y hace noche en un taller. La misma noche en que, mediante tirón desde una bicicleta, nos mangan el bolso de soraya con los pasaportes, los visados (se necesitan), mi teléfono, las tarjetas de sora y lo equivalente a 900 euros. El policía, en la denuncia, pone pérdida o extravío. Nada de robo. La Embajada nos obliga a regresar un día antes a La Habana. Aún así, llegamos, conduciendo de noche en plan película de terror por la selva, a Santiago, donde nos mangan un retrovisor. Después de lo que preveíamos por el Huracán Dean, que no tenía otra época del año para aparecer. Hemos hecho un contrato nuevo de alquiler del coche porque el anterior lo robaron, así que al menos nos libramos de un par de multas que nos han puesto por valor de 35 euros. Da igual, nos ponen otras dos por el mismo importe, siempre inventándose las infracciones. Por suerte los dos días en una playa del norte, en Cayo Coco, valen el viaje. Volvemos a La Habana. Nos quitan parte de la fianza por no haber denunciado lo del retrovisor. Y hoy se nos quedan las maletas en Montreal por la ineptitud de un par de empleados de Cubana de Aviación. Doble ineptitud: se quedan con los códigos de las maletas, con lo que Air France reclama ahora dos maletas casi en el vacío. Suerte que lo previmos y no iba nada de valor dentro.

Y, aunque parezca mentira, el viaje ha molado. Otro día os cuento por qué, porque ahora estoy que me caigo de sueño.

Besos a todos. Tengo ganas de veros, cojona!